Durante muchos años, varias generaciones de niñas crecimos jugando y adorando a la Barbie. Todas teníamos, al menos, una muñeca y si no le comprábamos complementos de marca, nos ingeniábamos para tener una silla donde sentarla, una mesa para que comiera y una caja de cartón que convertíamos en un divertido apartamento mucho más lujoso que el castillo más prestigioso del mundo.
Todas queríamos ser rubias, altas y guapas, pero se quedaba en un pensamiento. Porque al final, crecíamos con más o menos elegancia y nos apañábamos con lo que teníamos. Pero ahora no. Ahora se ha puesto de moda otra vez esta muñeca y aunque no tiene medidas reales, las niñas quieren ser como ellas. Y algunas lo consiguen. A costa de su infancia.
Hay muchos ejemplos que ya han levantado la polémica, pero una de las más famosas es Shasha Bennington, la que ves en la foto. Esta niña comenzó ...